miércoles, 1 de octubre de 2008

Relato 01


Nos conocimos en una de esas aburridas convenciones de la empresa. Nunca conversamos, jamás nos presentaron y ni siquiera estuvimos a solas más de dos minutos. Sin embargo, nadie me ha mirado antes así, con esa intensidad y aquel deseo conmovedor. En cada una de las sesiones yo era capaz de percibir los latidos de su presencia y el torrente de su respiración. La última noche coincidimos en el pasillo del hotel, mientras entraba a su habitación y yo salía de la mía. Fueron sólo unos fragmentos de sensual eternidad, pero todo era tan claro, tan explícito y tan verdadero... Ahora él sabe que existo y en cualquier lugar del mundo podrá reconocerme con sólo mirarme a los ojos.

Cuando escuchó la voz de mi marido cerró su puerta, pero entró en mis pensamientos para siempre.


Texto obtenido del libro "Helarte de amar" de Fernando Iwasaki.


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